La seguridad como eje estratégico de la cadena de suministro

La relocalización de cadenas productivas ha fortalecido la posición de México dentro de la dinámica económica de Norteamérica. Pero una mayor participación en las cadenas regionales de suministro también significa una mayor exposición. Conforme crece el volumen y la complejidad de las operaciones transfronterizas, aumentan también las exigencias en materia de seguridad, cumplimiento y continuidad operativa.

Frente a este escenario, AMERICAN CHAMBER OF COMMERCE OF MEXICO, Capítulo Noreste, a través del Comité de Seguridad y el Comité de Comercio Exterior y Logística, llevó a cabo la sesión “Seguridad en la Cadena de Suministro: Riesgos, Prevención y Continuidad Operativa”, un espacio para analizar cómo las empresas pueden fortalecer su capacidad de prevención y respuesta ante un entorno comercial cada vez más complejo.

La conversación contó con la participación de Fabián Ramos, Especialista en Seguridad del Clúster de Logística de Nuevo León; Eduardo Hernández, Director del Consejo de Seguridad en Cadena de Suministro; e Israel Reyes, Co-fundador de BlackIND, quienes abordaron los desafíos que enfrentan las organizaciones desde distintas perspectivas de seguridad, gestión de riesgos y continuidad operativa.

Una de las principales reflexiones que surgieron de este intercambio es clara: la seguridad de la cadena de suministro dejó de ser una función exclusivamente operativa para convertirse en una decisión de negocio. Proteger instalaciones, información y mercancías sigue siendo indispensable, pero resulta insuficiente si una organización no puede anticipar una disrupción, dimensionar su impacto y mantener sus operaciones cuando el entorno cambia.

La evolución de los controles fronterizos entre México y Estados Unidos permite observar esta transformación. Las medidas para combatir el tráfico de sustancias ilícitas, el fortalecimiento de los mecanismos de inspección y las nuevas exigencias de seguridad comercial han incrementado el escrutinio sobre las operaciones transfronterizas. En consecuencia, programas como OEA y C-TPAT adquieren mayor relevancia, pero también exigen una visión distinta sobre su implementación.

El riesgo está en convertir una certificación en el objetivo final. Cumplir con una auditoría o preparar una renovación puede acreditar determinados controles, pero no necesariamente demuestra que la organización esté preparada para responder ante una contingencia. La seguridad adquiere valor cuando sus principios forman parte de la operación diaria: en la trazabilidad de los procesos, la selección de proveedores, el manejo de información, la capacitación del personal y la definición de responsabilidades.

Bajo esta perspectiva, modelos de Governance, Risk and Compliance (GRC), junto con referencias como ISO 28000 e ISO 22301, pueden contribuir a ordenar esfuerzos que con frecuencia se encuentran dispersos entre distintas áreas. Su utilidad, sin embargo, depende menos de adoptar una metodología específica que de lograr que el riesgo sea entendido como una responsabilidad transversal.

Aquí aparece otro desafío: llevar la conversación sobre seguridad hasta los espacios donde se toman las decisiones de inversión. Hablar únicamente de niveles de riesgo —alto, medio o bajo— difícilmente permite comparar una vulnerabilidad operativa con otras prioridades del negocio. Traducir esa exposición a posibles pérdidas económicas, interrupciones de producción, afectaciones contractuales o tiempos de recuperación permite construir una conversación distinta con la alta dirección.

No todos los riesgos pueden predecirse con precisión, pero sí pueden dimensionarse. El análisis de escenarios y las estimaciones de pérdida permiten evaluar qué ocurriría si una operación crítica se detuviera, un proveedor dejara de cumplir o una infraestructura estratégica quedara temporalmente fuera de servicio. La pregunta deja entonces de ser cuánto cuesta invertir en seguridad y pasa a ser cuánto puede costar no estar preparado.

La transformación digital amplía estas capacidades. Una cadena con mayor visibilidad puede identificar desviaciones con mayor rapidez, mejorar su trazabilidad y responder con más información ante una contingencia. Sin embargo, digitalizar un proceso deficiente no elimina sus vulnerabilidades. Por ello, uno de los principios planteados durante la sesión resulta especialmente pertinente: primero optimizar, después simplificar y finalmente automatizar.

La misma lógica aplica a la ciberseguridad. Una infraestructura tecnológica robusta pierde efectividad cuando las credenciales se administran incorrectamente, la información se comparte sin controles o el personal no reconoce una amenaza. El componente humano continúa siendo determinante y obliga a entender la capacitación como parte permanente de la prevención.

El avance de la inteligencia artificial introduce una consideración adicional. Automatizar análisis y procesos puede mejorar significativamente la capacidad de respuesta, pero las decisiones relacionadas con riesgos críticos no deberían desprenderse del criterio y la responsabilidad humana. La tecnología puede ampliar la capacidad para identificar patrones, procesar información y construir escenarios; decidir qué nivel de riesgo está dispuesta a asumir una organización continúa siendo una responsabilidad humana.

Esta responsabilidad tampoco termina en los límites de la empresa. Una organización puede contar con controles internos sólidos y seguir expuesta por las prácticas de un proveedor, un operador logístico, un socio comercial o un tercero tecnológico. En cadenas cada vez más interconectadas, la seguridad propia depende también de la capacidad de respuesta de otros.

Por ello, evaluar a terceros únicamente por precio, calidad o capacidad de entrega resulta insuficiente. Seguridad, continuidad operativa, cumplimiento y ciberseguridad deben incorporarse desde la selección y contratación hasta el seguimiento de la relación comercial. La fortaleza de una cadena depende también de la capacidad de sus distintos actores para operar bajo estándares consistentes y responder coordinadamente ante una disrupción.

El fondo de esta discusión es un cambio de enfoque: pasar de reaccionar ante incidentes a construir capacidad antes de que ocurran. Esto exige identificar los riesgos que realmente pueden comprometer la operación, asignar responsables, establecer medidas de mitigación, desarrollar protocolos de respuesta y ponerlos a prueba mediante ejercicios y simulacros.

La ausencia de una crisis no significa ausencia de riesgo. Precisamente por ello, la gestión de seguridad y continuidad debe permanecer vinculada con la estrategia aun durante periodos de estabilidad. Las organizaciones que esperan a una disrupción para descubrir sus vulnerabilidades terminan tomando decisiones bajo presión; aquellas que conocen previamente sus exposiciones cuentan con mayor margen para responder.

En un entorno marcado por cambios geopolíticos, regulatorios y tecnológicos, la seguridad de la cadena de suministro se ha convertido en una condición para competir. Para México, cuya integración productiva con Estados Unidos continúa profundizándose, esta discusión adquiere una relevancia particular: aprovechar las oportunidades derivadas de la relocalización también implica demostrar que las operaciones pueden mantenerse seguras, confiables y continuas.

La seguridad, por tanto, no debería medirse únicamente por los incidentes que logra evitar, sino por la capacidad que construye dentro de la organización. Porque cuando una disrupción ocurre, la respuesta difícilmente puede improvisarse. Se construye antes: con procesos claros, responsabilidades definidas, riesgos entendidos y una organización preparada para actuar.

 

AMERICAN CHAMBER/MEXICO
Monterrey | 21 | Agosto | 2026

VUCEM: Entre la Simplificación Prometida y la Operación Cotidiana

VUCEM: Entre la Simplificación Prometida y la Operación Cotidiana

En 2011, México creó la Ventanilla Digital Mexicana de Comercio Exterior (VUCEM) para reunir en una sola plataforma los procedimientos de distintas autoridades y facilitar las operaciones de importación y exportación. Más de quince años después, la experiencia de sus usuarios muestra una diferencia importante entre digitalizar un proceso y hacerlo realmente más sencillo. Las intermitencias de la plataforma, los tiempos de respuesta y la reiteración de requisitos continúan generando desafíos para las empresas que dependen de estos trámites para operar.

Esta situación fue analizada durante la sesión “Panorama actual de los trámites estratégicos para el comercio exterior y la operación empresarial”, organizada por AMERICAN CHAMBER OF COMMERCE OF MEXICO, Capítulo Noreste, a través de los Comités de Asuntos Fiscales y de Comercio Exterior y Logística. Con la participación de Luis Ricardo Rodríguez y Armando de Lille, la conversación reunió experiencias sobre el funcionamiento cotidiano de la VUCEM y los desafíos que enfrentan las empresas al presentar y dar seguimiento a sus solicitudes.

Debido a que en la plataforma intervienen autoridades como la Secretaría de Economía, la Secretaría de Energía y la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS), el resultado de cada procedimiento no depende únicamente del funcionamiento del sistema, sino también de la capacidad de las dependencias involucradas para revisar la información y emitir una respuesta oportuna.

Plazos establecidos y experiencia operativa

Uno de los principales ejemplos fue el programa IMMEX, que permite a determinadas empresas importar temporalmente insumos para utilizarlos en procesos productivos destinados a la exportación. El decreto que regula el programa establece un plazo de 15 días hábiles para resolver solicitudes nuevas y de 10 días para otros procedimientos relacionados. Sin embargo, durante la sesión se compartieron casos en los que las respuestas excedieron dichos plazos o se requirió documentación que ya había sido presentada.

También se mencionaron casos de empresas que deben proporcionar información corporativa que no ha sufrido modificaciones o que ya se encuentran en poder de la autoridad. Si bien estas experiencias no permiten afirmar que todos los procedimientos enfrenten las mismas dificultades, sí muestran una distancia entre los plazos establecidos y la operación que reportan algunos usuarios.

La transición hacia la Manifestación de Valor Electrónica

La Manifestación de Valor Electrónica fue otro tema central. Este documento permite informar cómo se determinó el valor en aduana de una mercancía importada. La obligación de acreditar ese valor ya se encuentra prevista en la Ley Aduanera; el cambio consiste en que la información deberá transmitirse electrónicamente mediante la VUCEM. 

El SAT y la Agencia Nacional de Aduanas de México ampliaron hasta el 30 de septiembre de 2026 el periodo para que los usuarios adapten sus procesos al nuevo formato. Esta prórroga no elimina la obligación de conservar facturas, contratos y demás documentos que respalden el valor declarado, sino que concede tiempo adicional para adoptar la nueva forma de transmitirlos.

La conversación también permitió identificar un desafío común entre los distintos procedimientos: las herramientas digitales no siempre comparten ni aprovechan la información que las empresas ya proporcionaron. Esta situación  puede obligarlas a capturar varias veces los mismos datos o presentar documentos similares para solicitudes relacionadas con IMMEX, la certificación de IVA e IEPS y otros programas. Además de aumentar la carga operativa, la reiteración de requisitos eleva el riesgo de errores e inconsistencias. El desafío, por tanto, no consiste solamente en corregir las fallas de una plataforma, sino en revisar los requisitos y procedimientos antes de trasladarlos al entorno digital.

Los participantes también reconocieron una mayor apertura de comunicación con la Secretaría de Economía y mejores condiciones para plantear casos concretos. Este avance representa una oportunidad para traducir la comunicación institucional en procedimientos más claros, respuestas consistentes y sistemas capaces de aprovechar la información que el gobierno ya posee. La VUCEM no es solamente una página para enviar documentos: es una herramienta de la que dependen autorizaciones necesarias para la operación de numerosas empresas.

Hacia una verdadera ventanilla única

La conclusión de la sesión fue clara: México ya avanzó en la digitalización de buena parte de sus procedimientos de comercio exterior, pero todavía necesita profundizar su simplificación. Mejorar la VUCEM implica revisar requisitos repetitivos, fortalecer la coordinación entre autoridades y ofrecer mayor certeza sobre el seguimiento de las solicitudes. 

Una verdadera ventanilla única no debe limitarse a concentrar documentos en una plataforma; debe reducir cargas, facilitar el cumplimiento y permitir que las empresas obtengan respuestas claras dentro de los plazos establecidos.

AMERICAN CHAMBER/MEXICO
Monterrey | 21 | Agosto | 2026

Riesgos Corporativos y Gestión de Crisis: Prevención, Decisión y Continuidad Operativa

Riesgos Corporativos y Gestión de Crisis: Prevención, Decisión y Continuidad Operativa

Una decisión acertada, bien ejecutada y comunicada puede generar resultados positivos durante años. Sin embargo, cuando deja de evaluarse su efectividad, los riesgos que atendió pueden perder visibilidad y quedar fuera del seguimiento institucional, hasta que un evento inesperado evidencia que el problema no había sido resuelto por completo. 

Esta reflexión orientó la sesión sobre gestión de crisis en organizaciones globales, organizada por el Comité de Seguridad de AMERICAN CHAMBER OF COMMERCE OF MEXICO, Capítulo Noreste. La conversación reunió a Javier Velázquez, Director Asociado de KOMUNIKA LATAM y especialista en riesgos corporativos, gestión de crisis y continuidad de negocio; y a Antonio Gaona Rosete, Teniente Coronel retirado y fundador de Black Swan Consulting, Operation & Academia, quien cuenta con más de treinta años de experiencia en seguridad corporativa y operaciones globales.

De las señales cotidianas a los riesgos organizacionales 

Uno de los principales desafíos para la gestión de crisis no es la ausencia de información, sino en la capacidad para reconocer cuándo una situación cotidiana debe convertirse en un riesgo formal. Las señales suelen estar presentes en reportes operativos, conversaciones internas, antecedentes técnicos o decisiones que ofrecieron resultados durante cierto periodo. Sin embargo, si esta información no se sistematiza, se asigna a responsables y se revisa periódicamente, difícilmente podrá traducirse en acciones preventivas. 

El caso de una planta industrial permitió dimensionar este desafío. Tras negociar el cierre de un derecho de paso no autorizado y construir una vialidad alterna, la solución funcionó adecuadamente durante años. Su efectividad provocó que el asunto dejara de revisarse; en consecuencia, el riesgo no fue registrado formalmente ni quedó bajo la supervisión de un responsable.

Las señales de deterioro se acumularon sin traducirse en alertas que motivaran una decisión. Cuando una tormenta dañó la vialidad, el desacuerdo entre la empresa y el gobierno sobre la responsabilidad de repararla derivó en un conflicto que escaló a medios de comunicación regionales y nacionales, con consecuencias operacionales y reputacionales para la organización. La crisis no surgió únicamente por el fenómeno meteorológico, sino por la ausencia de seguimiento a una vulnerabilidad previamente identificada.

Este tipo de situaciones demuestra que una amenaza no necesita permanecer oculta para convertirse en crisis. Con frecuencia, basta con que sea normalizada, fragmentada entre distintas áreas o excluida de las conversaciones donde se asignan recursos y responsabilidades. Durante la sesión se retomaron datos del Institute for Crisis Management para señalar que una proporción mayoritaria de las crisis corporativas se originan en problemas de evolución gradual que pudieron identificarse antes de alcanzar un punto crítico.

Convertir la información en decisiones preventiva 

Para reducir esta exposición, las organizaciones requieren una agenda integral de riesgos que concentre información, establezca prioridades y determine quién debe actuar ante cada señal. Su utilidad no depende únicamente de elaborar un listado de amenazas, sino de mantenerlo actualizado y conectado con la operación, la toma de decisiones y la continuidad del negocio.

Este análisis debe partir de las condiciones particulares de cada organización. Su contexto operativo, cultura interna, modelo de negocio y entorno determinan tanto la naturaleza de las amenazas como sus posibles consecuencias. Por ello, los modelos de gestión no pueden aplicarse de manera uniforme: necesitan construirse a partir de información propia y de una evaluación continua de los cambios internos y externos.

Un proceso de inteligencia que comprenda la planeación, búsqueda y selección de información, el análisis, diagnóstico y operación permite transformar señales dispersas en decisiones concretas. A partir de este ejercicio, pueden elaborarse mapas de riesgos que relacionen el impacto potencial con el nivel de exposición, faciliten la definición de prioridades y orienten acciones preventivas antes de que una amenaza comprometa la operación. 

Los riesgos que las organizaciones dejan de cuestionar 

El reto, sin embargo, no es exclusivamente técnico. Existen patrones culturales que influyen en la forma en que las organizaciones interpretan sus riesgos. El cisne negro representa acontecimientos excepcionales, difíciles de anticipar y con consecuencias de gran alcance; el rinoceronte gris describe amenazas altamente probables que son desatendidas; el efecto avestruz refleja la decisión de evitar conversaciones incómodas; y el elefante en la habitación muestra cómo un problema conocido puede normalizarse hasta convertirse en parte de la operación cotidiana.

Estas figuras ayudan a comprender que la vulnerabilidad organizacional no siempre proviene de aquello que se desconoce. También puede originarse en problemas evidentes que nadie quiere cuestionar, en señales que pierden importancia con el paso del tiempo o en una falsa sensación de control construida a partir de resultados anteriores. Cuando el éxito se interpreta como garantía de continuidad, la experiencia acumulada deja de utilizarse para anticipar riesgos y comienza a funcionar como una justificación para no revisarlos.

Prevención, respuesta y aprendizaje colectivo 

La gestión de crisis debe sostenerse sobre dos frentes complementarios. El primero es preventivo y busca identificar riesgos previsibles, reducir su probabilidad de materialización y limitar sus posibles consecuencias. El segundo corresponde a la capacidad de respuesta y recuperación mediante protocolos definidos, responsables con atribuciones claras, equipos preparados y ejercicios de simulación. Una organización se encuentra mejor preparada cuando ambos frentes forman parte de su operación habitual y no se activan únicamente después de una emergencia.

Las experiencias reales, incluso aquellas que no siempre se documentan o comparten internamente, pueden transformarse en aprendizajes colectivos para fortalecer la cultura de prevención entre las empresas del Noreste de México. Esto requiere reconocer que hablar de errores, señales ignoradas y decisiones que perdieron vigencia no debilita a una organización; por el contrario, amplía su capacidad para anticipar escenarios y responder con mayor claridad.

Gestionar una crisis no comienza cuando ocurre un incidente. Comienza cuando una organización decide cuestionar lo que parece estable, asignar responsables a los riesgos conocidos y convertir la información disponible en decisiones oportunas. La pregunta central, por tanto, no es únicamente qué podría salir mal, sino qué existe hoy dentro de la organización que funciona tan bien que ya nadie lo está cuestionando.

AMERICAN CHAMBER/MEXICO
Monterrey | 19 | Agosto | 2026

Visita de la Misión Diplomática y Consular de Estados Unidos: competitividad y oportunidades transfronterizas

Visita de la Misión Diplomática y Consular de Estados Unidos: competitividad y oportunidades transfronterizas

En una cadena de suministro integrada, la eficiencia de una planta puede verse comprometida por unas cuantas horas de demora en la frontera. Los tiempos de revisión, la capacidad de los cruces y la coordinación entre autoridades inciden directamente en los costos, los inventarios y el cumplimiento de los compromisos comerciales. Por ello, la competitividad entre México y Estados Unidos también se construye en la operación cotidiana del comercio transfronterizo.

Esta perspectiva orientó el encuentro del Comité de Comercio Exterior y Logística de AMERICAN CHAMBER OF COMMERCE OF MEXICO, Capítulo Noreste, con representantes de la Misión Diplomática y Consular de Estados Unidos en México. Participaron Melissa A. Bishop, Cónsul General en Monterrey; Mary Virginia Hantsch, Cónsul General en Matamoros; Rachel Duran, Oficial Comercial Principal; Joshua Ritchey, Representante de la Sección Político-Económica, y David Monreal, Representante de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos.

La conversación partió de una realidad compartida: México y Estados Unidos no solo intercambian mercancías, sino que forman parte de procesos productivos estrechamente relacionados. Insumos y componentes pueden cruzar la frontera en distintas etapas antes de convertirse en un producto final. Comprender esta integración es fundamental para detonar las oportunidades transfronterizas México EE. UU., ya que impulsa la inversión y el crecimiento industrial, pero también hace que cualquier interrupción aduanera o logística produzca efectos a lo largo de toda la cadena.

En este contexto, la facilitación comercial trasciende la agilización de trámites. Requiere criterios operativos consistentes, coordinación efectiva entre autoridades, procesos digitales funcionales e información oportuna que permita anticipar riesgos y reducir demoras. La certeza en la operación resulta tan relevante como la capacidad física de los cruces, particularmente para sectores que trabajan con inventarios ajustados y tiempos de entrega definidos.

La seguridad fronteriza forma parte de esa misma ecuación. El reto consiste en fortalecer la trazabilidad y el cumplimiento sin obstaculizar el movimiento legítimo de mercancías. Para lograrlo, los controles deben apoyarse en análisis de riesgo, tecnología y colaboración con el sector empresarial, de manera que los recursos de inspección se concentren donde existe una mayor probabilidad de incumplimiento.

Esta lógica también debe extenderse a la infraestructura. El crecimiento industrial y el aumento de los flujos comerciales requieren cruces, carreteras, aduanas y servicios logísticos con capacidad suficiente para responder a una economía regional cada vez más conectada. La atracción de nuevas inversiones debe considerar estas condiciones para evitar que una mayor actividad productiva profundice los desafíos operativos existentes en la frontera y, en su lugar, se logre asegurar el éxito de las oportunidades transfronterizas México EE. UU.

Para el Comité de Comercio Exterior y Logística, la visita representó una oportunidad para compartir las necesidades identificadas por las empresas en sus operaciones y vincularlas con una conversación bilateral de mayor alcance. Estos espacios de interlocución permiten identificar obstáculos y construir propuestas que contribuyan a un comercio transfronterizo más previsible, seguro y eficiente.

El encuentro fortaleció la comunicación con la Misión Diplomática y Consular de Estados Unidos y permitió reconocer prioridades comunes en materia aduanera, logística, inversión y desarrollo regional. Estos espacios de colaboración contribuyen a construir soluciones conjuntas y aprovechar al máximo las oportunidades transfronterizas México EE. UU. en el marco de una relación económica profundamente integrada.

AMERICAN CHAMBER/MEXICO
Monterrey, Nuevo León | 07 | 08 | 2026

Calidad del Aire en el Área Metropolitana de Monterrey: La Brecha entre Evidencia y Decisiones

Calidad del Aire en el Área Metropolitana de Monterrey: La Brecha entre Evidencia y Decisiones

El Área Metropolitana de Monterrey concentra importantes capacidades industriales, técnicas, académicas y económicas. Sin embargo, la persistencia de episodios de contaminación atmosférica demuestra que dichas capacidades aún no se traducen en mejoras sostenidas. La principal brecha no parece estar en la falta de información, sino en la dificultad para convertirla en decisiones coordinadas, medibles y con continuidad.

Esta reflexión orientó el foro “Calidad del Aire en el Área Metropolitana de Monterrey: La Brecha entre Evidencia y Decisiones”, organizado por el Comité de Sustentabilidad y Responsabilidad Social de la AMERICAN CHAMBER/MEXICO, Capítulo Noreste. La conversación reunió a Luis Ávila, Director de Cómo Vamos Nuevo León; Javier Alcántara, Subsecretario de Medio Ambiente; Selene Martínez, Directora del Observatorio Ciudadano de la Calidad del Aire; y Ricardo Bussey, Sr. Director LATAM & Global Community Affairs Head en Johnson Controls. El diálogo fue moderado por Mauricio Páez, Assistant General Counsel en Steelcase y Presidente del Comité.

Durante la sesión, los participantes coincidieron en la importancia de abordar la calidad del aire desde una perspectiva metropolitana. Los contaminantes no permanecen dentro de los límites administrativos del municipio en el que se generan, sino que se desplazan y transforman de acuerdo con las condiciones meteorológicas y geográficas. Por ello, resulta indispensable comprender al Área Metropolitana de Monterrey como una cuenca atmosférica, en la que la topografía, la dirección de los vientos, la estabilidad de la atmósfera y las inversiones térmicas influyen en la acumulación y dispersión de contaminantes.

Este enfoque permite superar diagnósticos fragmentados y orientar las medidas hacia las fuentes y zonas de mayor impacto. Para lograrlo, el monitoreo debe complementarse con inventarios de emisiones actualizados, modelos de dispersión y estudios que permitan identificar la contribución de fuentes industriales, móviles, comerciales, domésticas, naturales y de área. Mientras las estaciones permiten conocer los contaminantes presentes y sus concentraciones, estos instrumentos contribuyen a explicar su origen, comportamientos y nivel de incidencia.

Como parte de esta agenda, el Foro se complementó con una visita al C5 Ambiental de Nuevo León, donde las y los participantes conocieron la infraestructura y las herramientas utilizadas para el seguimiento de la calidad del aire, así como la operación del Sistema Integral de Monitoreo Ambiental. La visita permitió dimensionar las capacidades técnicas disponibles para recopilar y procesar información, y reforzó una de las principales conclusiones de la conversación: medir es indispensable, aunque el valor de la información depende de su capacidad para activar decisiones oportunas.

Los datos del monitoreo deben vincularse con protocolos claros, acciones preventivas, inspecciones técnicamente sustentadas y medidas diferenciadas según la contribución de cada fuente. De lo contrario, existe el riesgo de perfeccionar los instrumentos de diagnóstico sin modificar de manera sustantiva las condiciones que originan el problema.

Cerrar esta brecha exige una estrategia metropolitana con objetivos verificables de reducción de emisiones y exposición, responsabilidades definidas, plazos determinados e indicadores públicos de seguimiento. También requiere incorporar la dimensión de salud, considerando no solo los promedios generales o el número de días fuera de norma, sino la exposición acumulada de la población y las diferencias existentes entre zonas y grupos de mayor riesgo.

El Área Metropolitana de Monterrey cuenta con información, infraestructura y conocimiento especializado para avanzar. El siguiente paso consiste en articular estas capacidades dentro de una ruta común que permita evaluar la efectividad de las medidas implementadas, ajustar aquellas que no produzcan resultados esperados y dar continuidad a las decisiones más allá de los ciclos administrativos.

La mejora de la calidad del aire no dependerá de una sola regulación, inversión o tecnología, sino de la capacidad para gestionar la cuenca atmosférica como un sistema regional, establecer responsabilidades claras y convertir la evidencia disponible en acciones sostenidas. Solo así la calidad del aire podrá dejar de ser una preocupación recurrente para convertirse en una prioridad estratégica para el desarrollo del Área Metropolitana de Monterrey.

AMERICAN CHAMBER/MEXICO
Monterrey, Nuevo León | (07 | 08 | 2026)

Reducción de la jornada laboral a 40 horas: ¿Cómo prepararse para la transición?

Reducción de la jornada laboral a 40 horas: ¿Cómo prepararse para la transición?

La reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales representa una de las reformas laborales más relevantes de los últimos años. Más allá de un ajuste en el número de horas trabajadas, implica replantear la forma en que las organizaciones gestionan la productividad, diseñan sus procesos y cumplen con sus obligaciones laborales. Durante una sesión del Comité de Capital Humano y Asuntos Laborales de AMCHAM, Capítulo Noreste, Rubí Pérez Ponce, Directora Global Jurídica Laboral de Grupo Bimbo, compartió recomendaciones para que las empresas anticipen los retos operativos, jurídicos y organizacionales que plantea esta transición.

Las principales recomendaciones:

  • La reforma busca transformar la productividad, no solo reducir horas. La reducción de la jornada laboral representa una oportunidad para evolucionar de un modelo basado en el tiempo de permanencia a uno enfocado en resultados. La productividad dependerá cada vez más de la optimización de procesos, la digitalización, el liderazgo y una mejor organización del trabajo.

  • La implementación será gradual, pero la preparación debe comenzar ahora. La propuesta contempla una transición progresiva entre 2027 y 2030. Este periodo ofrece a las empresas la oportunidad de evaluar sus modelos operativos, identificar áreas de mejora y planear los ajustes necesarios antes de que la reforma entre plenamente en vigor.

  • Las horas extras no deben convertirse en la solución permanente. Recurrir sistemáticamente a horas extraordinarias para compensar la reducción de la jornada puede incrementar significativamente los costos laborales y generar riesgos de cumplimiento. La adaptación requerirá rediseñar procesos, más que extender las jornadas de trabajo.

  • El registro de la jornada será un elemento clave para el cumplimiento. La correcta documentación de los horarios de entrada y salida, los descansos, las horas extraordinarias y demás obligaciones laborales será fundamental para acreditar el cumplimiento de la legislación. La trazabilidad de la información desempeñará un papel cada vez más relevante en la gestión laboral.

  • 2026 es una oportunidad para diagnosticar y rediseñar. Antes de incrementar plantillas, las organizaciones pueden aprovechar este periodo para analizar la productividad por hora trabajada, identificar actividades que no generan valor, automatizar procesos y revisar la distribución de las cargas de trabajo.

  • La transición involucra a toda la organización. La implementación de la nueva jornada laboral trasciende el área de Recursos Humanos. Su éxito dependerá de la participación coordinada de las áreas jurídica, operaciones, finanzas, liderazgo y gobierno corporativo para garantizar tanto el cumplimiento regulatorio como la continuidad del negocio.

La transición hacia una jornada laboral de 40 horas representa un cambio estructural en la organización del trabajo en México. A través del Comité de Capital Humano y Asuntos Laborales de AMCHAM, Capítulo Noreste, líderes empresariales, especialistas y autoridades comparten experiencias y mejores prácticas para anticipar los retos que enfrenta el mercado laboral. 

AMERICAN CHAMBER/MEXICO
Monterrey, Nuevo León | (14 | 07 | 2026)