La seguridad como eje estratégico de la cadena de suministro

La relocalización de cadenas productivas ha fortalecido la posición de México dentro de la dinámica económica de Norteamérica. Pero una mayor participación en las cadenas regionales de suministro también significa una mayor exposición. Conforme crece el volumen y la complejidad de las operaciones transfronterizas, aumentan también las exigencias en materia de seguridad, cumplimiento y continuidad operativa.

Frente a este escenario, AMERICAN CHAMBER OF COMMERCE OF MEXICO, Capítulo Noreste, a través del Comité de Seguridad y el Comité de Comercio Exterior y Logística, llevó a cabo la sesión “Seguridad en la Cadena de Suministro: Riesgos, Prevención y Continuidad Operativa”, un espacio para analizar cómo las empresas pueden fortalecer su capacidad de prevención y respuesta ante un entorno comercial cada vez más complejo.

La conversación contó con la participación de Fabián Ramos, Especialista en Seguridad del Clúster de Logística de Nuevo León; Eduardo Hernández, Director del Consejo de Seguridad en Cadena de Suministro; e Israel Reyes, Co-fundador de BlackIND, quienes abordaron los desafíos que enfrentan las organizaciones desde distintas perspectivas de seguridad, gestión de riesgos y continuidad operativa.

Una de las principales reflexiones que surgieron de este intercambio es clara: la seguridad de la cadena de suministro dejó de ser una función exclusivamente operativa para convertirse en una decisión de negocio. Proteger instalaciones, información y mercancías sigue siendo indispensable, pero resulta insuficiente si una organización no puede anticipar una disrupción, dimensionar su impacto y mantener sus operaciones cuando el entorno cambia.

La evolución de los controles fronterizos entre México y Estados Unidos permite observar esta transformación. Las medidas para combatir el tráfico de sustancias ilícitas, el fortalecimiento de los mecanismos de inspección y las nuevas exigencias de seguridad comercial han incrementado el escrutinio sobre las operaciones transfronterizas. En consecuencia, programas como OEA y C-TPAT adquieren mayor relevancia, pero también exigen una visión distinta sobre su implementación.

El riesgo está en convertir una certificación en el objetivo final. Cumplir con una auditoría o preparar una renovación puede acreditar determinados controles, pero no necesariamente demuestra que la organización esté preparada para responder ante una contingencia. La seguridad adquiere valor cuando sus principios forman parte de la operación diaria: en la trazabilidad de los procesos, la selección de proveedores, el manejo de información, la capacitación del personal y la definición de responsabilidades.

Bajo esta perspectiva, modelos de Governance, Risk and Compliance (GRC), junto con referencias como ISO 28000 e ISO 22301, pueden contribuir a ordenar esfuerzos que con frecuencia se encuentran dispersos entre distintas áreas. Su utilidad, sin embargo, depende menos de adoptar una metodología específica que de lograr que el riesgo sea entendido como una responsabilidad transversal.

Aquí aparece otro desafío: llevar la conversación sobre seguridad hasta los espacios donde se toman las decisiones de inversión. Hablar únicamente de niveles de riesgo —alto, medio o bajo— difícilmente permite comparar una vulnerabilidad operativa con otras prioridades del negocio. Traducir esa exposición a posibles pérdidas económicas, interrupciones de producción, afectaciones contractuales o tiempos de recuperación permite construir una conversación distinta con la alta dirección.

No todos los riesgos pueden predecirse con precisión, pero sí pueden dimensionarse. El análisis de escenarios y las estimaciones de pérdida permiten evaluar qué ocurriría si una operación crítica se detuviera, un proveedor dejara de cumplir o una infraestructura estratégica quedara temporalmente fuera de servicio. La pregunta deja entonces de ser cuánto cuesta invertir en seguridad y pasa a ser cuánto puede costar no estar preparado.

La transformación digital amplía estas capacidades. Una cadena con mayor visibilidad puede identificar desviaciones con mayor rapidez, mejorar su trazabilidad y responder con más información ante una contingencia. Sin embargo, digitalizar un proceso deficiente no elimina sus vulnerabilidades. Por ello, uno de los principios planteados durante la sesión resulta especialmente pertinente: primero optimizar, después simplificar y finalmente automatizar.

La misma lógica aplica a la ciberseguridad. Una infraestructura tecnológica robusta pierde efectividad cuando las credenciales se administran incorrectamente, la información se comparte sin controles o el personal no reconoce una amenaza. El componente humano continúa siendo determinante y obliga a entender la capacitación como parte permanente de la prevención.

El avance de la inteligencia artificial introduce una consideración adicional. Automatizar análisis y procesos puede mejorar significativamente la capacidad de respuesta, pero las decisiones relacionadas con riesgos críticos no deberían desprenderse del criterio y la responsabilidad humana. La tecnología puede ampliar la capacidad para identificar patrones, procesar información y construir escenarios; decidir qué nivel de riesgo está dispuesta a asumir una organización continúa siendo una responsabilidad humana.

Esta responsabilidad tampoco termina en los límites de la empresa. Una organización puede contar con controles internos sólidos y seguir expuesta por las prácticas de un proveedor, un operador logístico, un socio comercial o un tercero tecnológico. En cadenas cada vez más interconectadas, la seguridad propia depende también de la capacidad de respuesta de otros.

Por ello, evaluar a terceros únicamente por precio, calidad o capacidad de entrega resulta insuficiente. Seguridad, continuidad operativa, cumplimiento y ciberseguridad deben incorporarse desde la selección y contratación hasta el seguimiento de la relación comercial. La fortaleza de una cadena depende también de la capacidad de sus distintos actores para operar bajo estándares consistentes y responder coordinadamente ante una disrupción.

El fondo de esta discusión es un cambio de enfoque: pasar de reaccionar ante incidentes a construir capacidad antes de que ocurran. Esto exige identificar los riesgos que realmente pueden comprometer la operación, asignar responsables, establecer medidas de mitigación, desarrollar protocolos de respuesta y ponerlos a prueba mediante ejercicios y simulacros.

La ausencia de una crisis no significa ausencia de riesgo. Precisamente por ello, la gestión de seguridad y continuidad debe permanecer vinculada con la estrategia aun durante periodos de estabilidad. Las organizaciones que esperan a una disrupción para descubrir sus vulnerabilidades terminan tomando decisiones bajo presión; aquellas que conocen previamente sus exposiciones cuentan con mayor margen para responder.

En un entorno marcado por cambios geopolíticos, regulatorios y tecnológicos, la seguridad de la cadena de suministro se ha convertido en una condición para competir. Para México, cuya integración productiva con Estados Unidos continúa profundizándose, esta discusión adquiere una relevancia particular: aprovechar las oportunidades derivadas de la relocalización también implica demostrar que las operaciones pueden mantenerse seguras, confiables y continuas.

La seguridad, por tanto, no debería medirse únicamente por los incidentes que logra evitar, sino por la capacidad que construye dentro de la organización. Porque cuando una disrupción ocurre, la respuesta difícilmente puede improvisarse. Se construye antes: con procesos claros, responsabilidades definidas, riesgos entendidos y una organización preparada para actuar.

 

AMERICAN CHAMBER/MEXICO
Monterrey | 21 | Agosto | 2026

VUCEM: Entre la Simplificación Prometida y la Operación Cotidiana

VUCEM: Entre la Simplificación Prometida y la Operación Cotidiana

En 2011, México creó la Ventanilla Digital Mexicana de Comercio Exterior (VUCEM) para reunir en una sola plataforma los procedimientos de distintas autoridades y facilitar las operaciones de importación y exportación. Más de quince años después, la experiencia de sus usuarios muestra una diferencia importante entre digitalizar un proceso y hacerlo realmente más sencillo. Las intermitencias de la plataforma, los tiempos de respuesta y la reiteración de requisitos continúan generando desafíos para las empresas que dependen de estos trámites para operar.

Esta situación fue analizada durante la sesión “Panorama actual de los trámites estratégicos para el comercio exterior y la operación empresarial”, organizada por AMERICAN CHAMBER OF COMMERCE OF MEXICO, Capítulo Noreste, a través de los Comités de Asuntos Fiscales y de Comercio Exterior y Logística. Con la participación de Luis Ricardo Rodríguez y Armando de Lille, la conversación reunió experiencias sobre el funcionamiento cotidiano de la VUCEM y los desafíos que enfrentan las empresas al presentar y dar seguimiento a sus solicitudes.

Debido a que en la plataforma intervienen autoridades como la Secretaría de Economía, la Secretaría de Energía y la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS), el resultado de cada procedimiento no depende únicamente del funcionamiento del sistema, sino también de la capacidad de las dependencias involucradas para revisar la información y emitir una respuesta oportuna.

Plazos establecidos y experiencia operativa

Uno de los principales ejemplos fue el programa IMMEX, que permite a determinadas empresas importar temporalmente insumos para utilizarlos en procesos productivos destinados a la exportación. El decreto que regula el programa establece un plazo de 15 días hábiles para resolver solicitudes nuevas y de 10 días para otros procedimientos relacionados. Sin embargo, durante la sesión se compartieron casos en los que las respuestas excedieron dichos plazos o se requirió documentación que ya había sido presentada.

También se mencionaron casos de empresas que deben proporcionar información corporativa que no ha sufrido modificaciones o que ya se encuentran en poder de la autoridad. Si bien estas experiencias no permiten afirmar que todos los procedimientos enfrenten las mismas dificultades, sí muestran una distancia entre los plazos establecidos y la operación que reportan algunos usuarios.

La transición hacia la Manifestación de Valor Electrónica

La Manifestación de Valor Electrónica fue otro tema central. Este documento permite informar cómo se determinó el valor en aduana de una mercancía importada. La obligación de acreditar ese valor ya se encuentra prevista en la Ley Aduanera; el cambio consiste en que la información deberá transmitirse electrónicamente mediante la VUCEM. 

El SAT y la Agencia Nacional de Aduanas de México ampliaron hasta el 30 de septiembre de 2026 el periodo para que los usuarios adapten sus procesos al nuevo formato. Esta prórroga no elimina la obligación de conservar facturas, contratos y demás documentos que respalden el valor declarado, sino que concede tiempo adicional para adoptar la nueva forma de transmitirlos.

La conversación también permitió identificar un desafío común entre los distintos procedimientos: las herramientas digitales no siempre comparten ni aprovechan la información que las empresas ya proporcionaron. Esta situación  puede obligarlas a capturar varias veces los mismos datos o presentar documentos similares para solicitudes relacionadas con IMMEX, la certificación de IVA e IEPS y otros programas. Además de aumentar la carga operativa, la reiteración de requisitos eleva el riesgo de errores e inconsistencias. El desafío, por tanto, no consiste solamente en corregir las fallas de una plataforma, sino en revisar los requisitos y procedimientos antes de trasladarlos al entorno digital.

Los participantes también reconocieron una mayor apertura de comunicación con la Secretaría de Economía y mejores condiciones para plantear casos concretos. Este avance representa una oportunidad para traducir la comunicación institucional en procedimientos más claros, respuestas consistentes y sistemas capaces de aprovechar la información que el gobierno ya posee. La VUCEM no es solamente una página para enviar documentos: es una herramienta de la que dependen autorizaciones necesarias para la operación de numerosas empresas.

Hacia una verdadera ventanilla única

La conclusión de la sesión fue clara: México ya avanzó en la digitalización de buena parte de sus procedimientos de comercio exterior, pero todavía necesita profundizar su simplificación. Mejorar la VUCEM implica revisar requisitos repetitivos, fortalecer la coordinación entre autoridades y ofrecer mayor certeza sobre el seguimiento de las solicitudes. 

Una verdadera ventanilla única no debe limitarse a concentrar documentos en una plataforma; debe reducir cargas, facilitar el cumplimiento y permitir que las empresas obtengan respuestas claras dentro de los plazos establecidos.

AMERICAN CHAMBER/MEXICO
Monterrey | 21 | Agosto | 2026

Visita de la Misión Diplomática y Consular de Estados Unidos: competitividad y oportunidades transfronterizas

Visita de la Misión Diplomática y Consular de Estados Unidos: competitividad y oportunidades transfronterizas

En una cadena de suministro integrada, la eficiencia de una planta puede verse comprometida por unas cuantas horas de demora en la frontera. Los tiempos de revisión, la capacidad de los cruces y la coordinación entre autoridades inciden directamente en los costos, los inventarios y el cumplimiento de los compromisos comerciales. Por ello, la competitividad entre México y Estados Unidos también se construye en la operación cotidiana del comercio transfronterizo.

Esta perspectiva orientó el encuentro del Comité de Comercio Exterior y Logística de AMERICAN CHAMBER OF COMMERCE OF MEXICO, Capítulo Noreste, con representantes de la Misión Diplomática y Consular de Estados Unidos en México. Participaron Melissa A. Bishop, Cónsul General en Monterrey; Mary Virginia Hantsch, Cónsul General en Matamoros; Rachel Duran, Oficial Comercial Principal; Joshua Ritchey, Representante de la Sección Político-Económica, y David Monreal, Representante de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos.

La conversación partió de una realidad compartida: México y Estados Unidos no solo intercambian mercancías, sino que forman parte de procesos productivos estrechamente relacionados. Insumos y componentes pueden cruzar la frontera en distintas etapas antes de convertirse en un producto final. Esta integración genera oportunidades de inversión y crecimiento industrial, pero también hace que cualquier interrupción aduanera o logística produzca efectos a lo largo de toda la cadena.

En este contexto, la facilitación comercial trasciende la agilización de trámites. Requiere criterios operativos consistentes, coordinación efectiva entre autoridades, procesos digitales funcionales e información oportuna que permita anticipar riesgos y reducir demoras. La certeza en la operación resulta tan relevante como la capacidad física de los cruces, particularmente para sectores que trabajan con inventarios ajustados y tiempos de entrega definidos.

La seguridad fronteriza forma parte de esa misma ecuación. El reto consiste en fortalecer la trazabilidad y el cumplimiento sin obstaculizar el movimiento legítimo de mercancías. Para lograrlo, los controles deben apoyarse en análisis de riesgo, tecnología y colaboración con el sector empresarial, de manera que los recursos de inspección se concentren donde existe una mayor probabilidad de incumplimiento.

Esta lógica también debe extenderse a la infraestructura. El crecimiento industrial y el aumento de los flujos comerciales requieren cruces, carreteras, aduanas y servicios logísticos con capacidad suficiente para responder a una economía regional cada vez más conectada. La atracción de nuevas inversiones debe considerar estas condiciones para evitar que una mayor actividad productiva profundice los desafíos operativos existentes en la frontera. 

Para el Comité de Comercio Exterior y Logística, la visita representó una oportunidad para compartir las necesidades identificadas por las empresas en sus operaciones y vincularlas con una conversación bilateral de mayor alcance. Estos espacios de interlocución permiten identificar obstáculos y construir propuestas que contribuyan a un comercio transfronterizo más previsible, seguro y eficiente.

El encuentro fortaleció la comunicación con la Misión Diplomática y Consular de Estados Unidos y permitió reconocer prioridades comunes en materia aduanera, logística, inversión y desarrollo transfronterizo. Estos espacios de colaboración contribuyen a construir soluciones conjuntas y aprovechar las oportunidades de una relación económica profundamente integrada.

AMERICAN CHAMBER/MEXICO
Monterrey, Nuevo León | (07 | 08 | 2026)

IMMEX 4.0: De Plataforma Exportadora a Estrategia Industrial

IMMEX 4.0: De Plataforma Exportadora a Estrategia Industrial

El programa IMMEX ha sido uno de los principales motores del crecimiento manufacturero de México. Durante décadas, ha impulsado la atracción de inversión, fortalecido la integración del país en las cadenas productivas de Norteamérica y consolidado una plataforma exportadora altamente competitiva. Hoy, en un entorno marcado por la reconfiguración de las cadenas de suministro y una mayor competencia global, el siguiente paso es evolucionar el programa para responder a los nuevos desafíos y aprovechar las oportunidades que esta nueva etapa de la integración regional ofrece. 

Modernizar el programa IMMEX representa una oportunidad para fortalecer la competitividad de México mediante procesos más ágiles, mayor certeza para las empresas y un marco regulatorio alineado con la velocidad y la complejidad del comercio internacional. Más que replantear un modelo exitoso, el reto consiste en evolucionarlo para que siga siendo un instrumento estratégico para atraer inversión, impulsar la innovación y consolidar el liderazgo manufacturero del país.

Con esa visión, representantes del sector privado se reunieron para analizar los desafíos que enfrenta actualmente el programa y explorar los elementos que podrían dar forma a una propuesta de IMMEX 4.0. La conversación fue más allá de una revisión de trámites o de requisitos administrativos. El objetivo fue abrir una reflexión sobre cómo fortalecer un instrumento capaz de responder a las nuevas dinámicas del comercio internacional, caracterizadas por mayores exigencias en materia de trazabilidad, contenido regional, resiliencia de las cadenas de suministro y certidumbre para la inversión.

Los participantes coincidieron en que la siguiente generación de IMMEX debe sustentarse en cinco pilares. El primero consiste en fortalecer la capacidad institucional y avanzar hacia un gobierno más ágil, con procesos simplificados, criterios homologados entre las autoridades y tiempos de respuesta acordes con las necesidades de una industria que opera en tiempo real.

El segundo pilar plantea una transformación del modelo de supervisión. Más que incrementar controles, la evolución del programa debe orientarse hacia esquemas de cumplimiento basados en riesgos, en los que las autoridades concentren sus recursos en operaciones que realmente representen un mayor nivel de exposición, mientras que las empresas con historiales sólidos de cumplimiento puedan acceder a procesos más ágiles y predecibles. Bajo esta lógica, también resulta oportuno revisar mecanismos como la certificación del IVA en importaciones temporales para asegurar que continúen cumpliendo su propósito sin generar costos ni incertidumbre innecesarios.

Un tercer eje consiste en fortalecer la interoperabilidad institucional. La digitalización, por sí sola, no resolverá los desafíos actuales si únicamente traslada los mismos procedimientos al entorno digital. La oportunidad está en construir un ecosistema en el que la Secretaría de Economía, el Servicio de Administración Tributaria y las autoridades aduaneras compartan información de manera eficiente, evitando duplicidades y reduciendo la carga administrativa para las empresas.

Asimismo, los participantes destacaron la importancia de avanzar hacia un modelo de cumplimiento colaborativo. Las empresas cuentan con sistemas de control, trazabilidad y gestión de riesgos que pueden convertirse en aliados de la autoridad para fortalecer la supervisión. Mecanismos de autocorrección, auditorías preventivas y espacios permanentes de diálogo técnico permitirían prevenir incumplimientos, elevar la confianza institucional y mejorar la calidad de la fiscalización.

Finalmente, se señaló la necesidad de consolidar una política industrial más integrada. La coexistencia de distintos instrumentos regulatorios desarrollados en diferentes momentos representa una oportunidad para simplificar procesos, armonizar requisitos y aprovechar mejor la información disponible. Una visión integral permitiría fortalecer tanto la competitividad empresarial como la capacidad del Estado para ejercer una supervisión más eficiente.

Esta discusión cobra especial relevancia en un contexto internacional en el que la competitividad también depende de la confianza en las instituciones. La creciente atención sobre el origen de las inversiones, la trazabilidad de los insumos, el cumplimiento de las reglas de origen y la resiliencia de las cadenas de suministro exige que México cuente con instrumentos capaces de ofrecer información confiable, facilitar el comercio y responder con eficacia a estándares internacionales cada vez más exigentes.

IMMEX ha demostrado ser una de las políticas industriales más exitosas del país. Su siguiente etapa no dependerá únicamente de simplificar trámites o de incorporar nuevas herramientas digitales, sino de construir un modelo que combine la facilitación comercial, la supervisión inteligente y la certidumbre jurídica. En un momento en el que Norteamérica redefine su integración productiva y la competencia global por atraer inversión se intensifica, IMMEX 4.0 representa una oportunidad para consolidar a México como la plataforma manufacturera más competitiva, confiable y resiliente de la región.

AMERICAN CHAMBER/MEXICO
Monterrey | 30 | Junio| 2026

The Digital Game: Digital Economy, Investment and Regulatory Certainty

The Digital Game: Digital Economy, Investment and Regulatory Certainty

Las grandes transformaciones económicas rara vez esperan a que las instituciones estén listas para recibirlas. La historia demuestra que la innovación suele avanzar más rápido que la regulación, lo que obliga a gobiernos, empresas y sociedades a adaptarse sobre la marcha. La revolución industrial modificó la organización del trabajo antes de que existieran marcos laborales modernos; internet transformó el comercio mucho antes de que surgieran normas específicas para la economía digital. La inteligencia artificial, la automatización y las nuevas plataformas tecnológicas parecen seguir la misma trayectoria.

En este contexto, uno de los principales desafíos para Norteamérica no consiste únicamente en desarrollar o adoptar nuevas tecnologías, sino en construir las condiciones necesarias para que esa transformación se traduzca en crecimiento económico, atracción de inversión y una mayor integración regional. La competitividad ya no depende exclusivamente de la infraestructura física o de la capacidad manufacturera, sino también de la capacidad para generar ecosistemas digitales confiables, formar talento especializado y ofrecer certidumbre a quienes apuestan por innovar.

Enmarcado en esta visión, se llevó a cabo el panel “The Digital Game: Digital Economy, Investment, and Regulatory Certainty”. Este encuentro formó parte de la North America Week, un esfuerzo anual de AMERICAN CHAMBER OF COMMERCE OF MEXICO, Capítulo Noreste, diseñado para analizar las tendencias que moldean el panorama económico regional. La mesa de diálogo reunió a destacados especialistas como Jorge Gamez, de la Secretaría de Economía de Nuevo León; Diego Flores, representante de la Secretaría de Economía federal; y Rafael Lechuga de Citi. El intercambio de ideas fue conducido por Marianela Santos, quien encabeza el Comité de Innovación y Transformación Digital y dirige Alsun Tech.

La transformación digital no debe entenderse como un fenómeno limitado a las grandes empresas tecnológicas. La incorporación de inteligencia artificial, automatización y herramientas digitales está modificando la manufactura, la logística y las cadenas de suministro, generando nuevas oportunidades, pero también nuevos retos para la política pública. La velocidad de estos cambios exige una mayor capacidad de adaptación tanto del sector público como de la iniciativa privada.

La conversación también puso sobre la mesa la importancia del capital humano como factor decisivo para el éxito de esta transición. La evolución de los procesos productivos demanda nuevas habilidades técnicas y una actualización permanente de los modelos educativos. Preparar a las futuras generaciones para una economía cada vez más digital implica fortalecer los vínculos entre la academia, el sector productivo y las autoridades, de modo que la formación de talento responda a las necesidades reales de una industria en constante transformación.

Un aspecto particularmente relevante es el papel de las pequeñas y medianas empresas en esta nueva dinámica económica. En México, una parte sustancial del empleo y de la actividad productiva depende de este segmento empresarial, por lo que su incorporación a los procesos de digitalización constituye una condición indispensable para ampliar los beneficios del desarrollo tecnológico. El acceso a financiamiento, la automatización de procesos y una mayor integración con las cadenas de suministro regionales fueron identificados como elementos fundamentales para fortalecer su competitividad.

En este sentido, el sistema financiero puede desempeñar un papel determinante al facilitar la transformación digital. La expansión de los pagos electrónicos, el fortalecimiento de los mecanismos de inclusión financiera y la generación de historiales transaccionales contribuyen a ampliar el acceso al crédito y a crear mejores condiciones para que las empresas de todos los tamaños puedan invertir en innovación y modernización.

Otro de los temas fue la necesidad de brindar mayor certidumbre regulatoria a la economía digital. La aparición de nuevos modelos de negocio y de tecnologías financieras cada vez más sofisticadas ha puesto de manifiesto la importancia de contar con marcos normativos capaces de acompañar la innovación sin convertirse en un obstáculo para su desarrollo. La actualización regulatoria no solo ofrece confianza a los inversionistas, sino que también fortalece la capacidad del país para integrarse a una economía global cada vez más digitalizada.

La ciberseguridad también se presentó como un componente esencial. A medida que empresas, instituciones y cadenas de suministro aumentan su interconexión, la protección de la información y el establecimiento de estándares comunes adquieren una dimensión estratégica. La coordinación entre autoridades, la industria y organismos especializados permitirá construir entornos digitales más seguros y facilitar una mayor integración tecnológica en Norteamérica.

Finalmente, el panel dejó una reflexión que trasciende el ámbito estrictamente tecnológico. La economía digital no representa únicamente una nueva etapa de innovación; constituye una transformación profunda en la manera en que las sociedades producen, comercian y generan oportunidades de desarrollo. La capacidad para adaptar instituciones, formar talento, ampliar el acceso al financiamiento y construir reglas claras será, en buena medida, el factor que determine qué países logran convertir esta transición en una ventaja competitiva sostenible durante las próximas décadas.

AMERICAN CHAMBER/MEXICO
Monterrey, Nuevo León | (17 | 06 | 2026)

North American Competitiveness: Infrastructure, Connectivity, and Industrial Capacity

North American Competitiveness: Infrastructure, Connectivity, and Industrial Capacity

The strength of North America has long been associated with the depth of its economic integration. Trade, investment, and highly interconnected supply chains have positioned the region as one of the world’s most important production and consumption markets. Yet the challenges shaping the international landscape today suggest that competitiveness cannot be measured solely by economic indicators. The ability to protect strategic infrastructure, facilitate the movement of goods and people, develop a skilled workforce, and strengthen institutional coordination has become equally important for sustaining regional growth.

These issues framed the discussion during the panel “North American Competitiveness: Infrastructure, Connectivity and Industrial Capacity,” held as part of North America Week, the annual initiative of the AMERICAN CHAMBER OF COMMERCE OF MEXICO, Northeast Chapter, dedicated to fostering dialogue on the future of regional integration. The conversation brought together Joseph Hugdahl, Assistant Law Enforcement Attaché (ALAT) for the Federal Bureau of Investigation (FBI) at the United States Embassy in Mexico City; Mark Neighbors, Regional Economic Analyst for the U.S. Department of State; Joaquín Spamer, CEO and President of CIL Group; and Oscar del Cueto, President of CPKC and President of the American Chamber of Commerce of Mexico. The session was moderated by Francisco Peña, Partner at CCN and Vice President of the Human Capital and Labor Affairs Committee of the Northeast Chapter.

Security and economic development are becoming increasingly interconnected. Modern supply chains depend on reliable transportation networks, secure ports, efficient border crossings, and logistics systems that can operate without major disruptions. Criminal activity, infrastructure vulnerabilities, and operational uncertainty have consequences that extend beyond individual companies, directly affecting investment decisions and the region’s overall competitiveness.

Addressing these challenges requires closer cooperation between Mexico and the United States, while respecting each country’s constitutional frameworks and sovereign responsibilities. The protection of critical infrastructure and the continuity of commercial operations are no longer matters that can be approached exclusively from a domestic perspective. They require permanent coordination and a shared understanding that regional prosperity depends on the stability of the systems that connect the three economies.

The conversation also challenged a more traditional understanding of infrastructure. Competitiveness is not determined solely by the construction of highways, railroads, ports, or energy facilities. It also depends on the ability to integrate technologies, modernize customs processes, and develop logistics platforms that enable businesses to operate more efficiently. As global supply chains become more sophisticated, outdated systems and fragmented regulatory environments create barriers that undermine the benefits of regional integration.

Another key priority is strengthening connectivity across North America.  Rather than viewing infrastructure projects through a purely national lens, it is important to develop assets and networks that reinforce the economic ties between the three countries. The long-term objective is not simply to facilitate trade, but to build a more coordinated regional platform capable of responding to changing global conditions.

Workforce development emerged as an equally important component of this equation. Industrial expansion and the growing complexity of supply chains require specialized talent, modern training systems, and regulatory frameworks that can adapt to evolving labor market needs. Greater cooperation in education, technical training, and workforce mobility could help address persistent shortages in strategic sectors and strengthen the region’s productive integration.

The discussion also reflected on the broader international environment in which North America operates. The expansion of global logistics networks and the growing influence of external manufacturing platforms have reinforced the importance of strengthening regional supply chains and expanding local sourcing capabilities. Increasing the participation of small and medium-sized enterprises, improving supply chain traceability, and encouraging greater economic interaction within the region were identified as practical steps toward reinforcing North America’s productive base.

Ultimately, the panel underscored that the future of North American competitiveness will depend on much more than trade volumes or investment flows. The region’s long-term success will be shaped by its ability to connect infrastructure, security, workforce development, and institutional cooperation within a common strategic framework. As global competition increasingly revolves around the reliability and efficiency of integrated economic platforms, deeper regional coordination may prove to be one of North America’s greatest competitive advantages.

AMERICAN CHAMBER/MEXICO
Monterrey, Nuevo León | (17 | 06 | 2026)