Visita de la Misión Diplomática y Consular de Estados Unidos: competitividad y oportunidades transfronterizas

Visita de la Misión Diplomática y Consular de Estados Unidos: competitividad y oportunidades transfronterizas

En una cadena de suministro integrada, la eficiencia de una planta puede verse comprometida por unas cuantas horas de demora en la frontera. Los tiempos de revisión, la capacidad de los cruces y la coordinación entre autoridades inciden directamente en los costos, los inventarios y el cumplimiento de los compromisos comerciales. Por ello, la competitividad entre México y Estados Unidos también se construye en la operación cotidiana del comercio transfronterizo.

Esta perspectiva orientó el encuentro del Comité de Comercio Exterior y Logística de AMERICAN CHAMBER OF COMMERCE OF MEXICO, Capítulo Noreste, con representantes de la Misión Diplomática y Consular de Estados Unidos en México. Participaron Melissa A. Bishop, Cónsul General en Monterrey; Mary Virginia Hantsch, Cónsul General en Matamoros; Rachel Duran, Oficial Comercial Principal; Joshua Ritchey, Representante de la Sección Político-Económica, y David Monreal, Representante de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos.

La conversación partió de una realidad compartida: México y Estados Unidos no solo intercambian mercancías, sino que forman parte de procesos productivos estrechamente relacionados. Insumos y componentes pueden cruzar la frontera en distintas etapas antes de convertirse en un producto final. Esta integración genera oportunidades de inversión y crecimiento industrial, pero también hace que cualquier interrupción aduanera o logística produzca efectos a lo largo de toda la cadena.

En este contexto, la facilitación comercial trasciende la agilización de trámites. Requiere criterios operativos consistentes, coordinación efectiva entre autoridades, procesos digitales funcionales e información oportuna que permita anticipar riesgos y reducir demoras. La certeza en la operación resulta tan relevante como la capacidad física de los cruces, particularmente para sectores que trabajan con inventarios ajustados y tiempos de entrega definidos.

La seguridad fronteriza forma parte de esa misma ecuación. El reto consiste en fortalecer la trazabilidad y el cumplimiento sin obstaculizar el movimiento legítimo de mercancías. Para lograrlo, los controles deben apoyarse en análisis de riesgo, tecnología y colaboración con el sector empresarial, de manera que los recursos de inspección se concentren donde existe una mayor probabilidad de incumplimiento.

Esta lógica también debe extenderse a la infraestructura. El crecimiento industrial y el aumento de los flujos comerciales requieren cruces, carreteras, aduanas y servicios logísticos con capacidad suficiente para responder a una economía regional cada vez más conectada. La atracción de nuevas inversiones debe considerar estas condiciones para evitar que una mayor actividad productiva profundice los desafíos operativos existentes en la frontera. 

Para el Comité de Comercio Exterior y Logística, la visita representó una oportunidad para compartir las necesidades identificadas por las empresas en sus operaciones y vincularlas con una conversación bilateral de mayor alcance. Estos espacios de interlocución permiten identificar obstáculos y construir propuestas que contribuyan a un comercio transfronterizo más previsible, seguro y eficiente.

El encuentro fortaleció la comunicación con la Misión Diplomática y Consular de Estados Unidos y permitió reconocer prioridades comunes en materia aduanera, logística, inversión y desarrollo transfronterizo. Estos espacios de colaboración contribuyen a construir soluciones conjuntas y aprovechar las oportunidades de una relación económica profundamente integrada.

AMERICAN CHAMBER/MEXICO
Monterrey, Nuevo León | (07 | 08 | 2026)

Calidad del Aire en el Área Metropolitana de Monterrey: La Brecha entre Evidencia y Decisiones

Calidad del Aire en el Área Metropolitana de Monterrey: La Brecha entre Evidencia y Decisiones

El Área Metropolitana de Monterrey concentra importantes capacidades industriales, técnicas, académicas y económicas. Sin embargo, la persistencia de episodios de contaminación atmosférica demuestra que dichas capacidades aún no se traducen en mejoras sostenidas. La principal brecha no parece estar en la falta de información, sino en la dificultad para convertirla en decisiones coordinadas, medibles y con continuidad.

Esta reflexión orientó el foro “Calidad del Aire en el Área Metropolitana de Monterrey: La Brecha entre Evidencia y Decisiones”, organizado por el Comité de Sustentabilidad y Responsabilidad Social de la AMERICAN CHAMBER OF COMMERCE OF MEXICO, Capítulo Noreste. La conversación reunió a Luis Ávila, Director de Cómo Vamos Nuevo León; Javier Alcántara, Subsecretario de Medio Ambiente; Selene Martínez, Directora del Observatorio Ciudadano de la Calidad del Aire; y Ricardo Bussey, Sr. Director LATAM & Global Community Affairs Head en Johnson Controls. El diálogo fue moderado por Mauricio Páez, Assistant General Counsel en Steelcase y Presidente del Comité.

Durante la sesión, los participantes coincidieron en la importancia de abordar la calidad del aire desde una perspectiva metropolitana. Los contaminantes no permanecen dentro de los límites administrativos del municipio en el que se generan, sino que se desplazan y transforman de acuerdo con las condiciones meteorológicas y geográficas. Por ello, resulta indispensable comprender al Área Metropolitana de Monterrey como una cuenca atmosférica, en la que la topografía, la dirección de los vientos, la estabilidad de la atmósfera y las inversiones térmicas influyen en la acumulación y dispersión de contaminantes.

Este enfoque permite superar diagnósticos fragmentados y orientar las medidas hacia las fuentes y zonas de mayor impacto. Para lograrlo, el monitoreo debe complementarse con inventarios de emisiones actualizados, modelos de dispersión y estudios que permitan identificar la contribución de fuentes industriales, móviles, comerciales, domésticas, naturales y de área. Mientras las estaciones permiten conocer los contaminantes presentes y sus concentraciones, estos instrumentos contribuyen a explicar su origen, comportamientos y nivel de incidencia.

Como parte de esta agenda, el Foro se complementó con una visita al C5 Ambiental de Nuevo León, donde las y los participantes conocieron la infraestructura y las herramientas utilizadas para el seguimiento de la calidad del aire, así como la operación del Sistema Integral de Monitoreo Ambiental. La visita permitió dimensionar las capacidades técnicas disponibles para recopilar y procesar información, y reforzó una de las principales conclusiones de la conversación: medir es indispensable, aunque el valor de la información depende de su capacidad para activar decisiones oportunas.

Los datos del monitoreo deben vincularse con protocolos claros, acciones preventivas, inspecciones técnicamente sustentadas y medidas diferenciadas según la contribución de cada fuente. De lo contrario, existe el riesgo de perfeccionar los instrumentos de diagnóstico sin modificar de manera sustantiva las condiciones que originan el problema.

Cerrar esta brecha exige una estrategia metropolitana con objetivos verificables de reducción de emisiones y exposición, responsabilidades definidas, plazos determinados e indicadores públicos de seguimiento. También requiere incorporar la dimensión de salud, considerando no solo los promedios generales o el número de días fuera de norma, sino la exposición acumulada de la población y las diferencias existentes entre zonas y grupos de mayor riesgo.

El Área Metropolitana de Monterrey cuenta con información, infraestructura y conocimiento especializado para avanzar. El siguiente paso consiste en articular estas capacidades dentro de una ruta común que permita evaluar la efectividad de las medidas implementadas, ajustar aquellas que no produzcan resultados esperados y dar continuidad a las decisiones más allá de los ciclos administrativos.

La mejora de la calidad del aire no dependerá de una sola regulación, inversión o tecnología, sino de la capacidad para gestionar la cuenca atmosférica como un sistema regional, establecer responsabilidades claras y convertir la evidencia disponible en acciones sostenidas. Solo así la calidad del aire podrá dejar de ser una preocupación recurrente para convertirse en una prioridad estratégica para el desarrollo del Área Metropolitana de Monterrey.

AMERICAN CHAMBER/MEXICO
Monterrey, Nuevo León | (07 | 08 | 2026)

The Digital Game: Digital Economy, Investment and Regulatory Certainty

The Digital Game: Digital Economy, Investment and Regulatory Certainty

Las grandes transformaciones económicas rara vez esperan a que las instituciones estén listas para recibirlas. La historia demuestra que la innovación suele avanzar más rápido que la regulación, lo que obliga a gobiernos, empresas y sociedades a adaptarse sobre la marcha. La revolución industrial modificó la organización del trabajo antes de que existieran marcos laborales modernos; internet transformó el comercio mucho antes de que surgieran normas específicas para la economía digital. La inteligencia artificial, la automatización y las nuevas plataformas tecnológicas parecen seguir la misma trayectoria.

En este contexto, uno de los principales desafíos para Norteamérica no consiste únicamente en desarrollar o adoptar nuevas tecnologías, sino en construir las condiciones necesarias para que esa transformación se traduzca en crecimiento económico, atracción de inversión y una mayor integración regional. La competitividad ya no depende exclusivamente de la infraestructura física o de la capacidad manufacturera, sino también de la capacidad para generar ecosistemas digitales confiables, formar talento especializado y ofrecer certidumbre a quienes apuestan por innovar.

Enmarcado en esta visión, se llevó a cabo el panel “The Digital Game: Digital Economy, Investment, and Regulatory Certainty”. Este encuentro formó parte de la North America Week, un esfuerzo anual de American Chamber of Commerce of Mexico, Capítulo Noreste, diseñado para analizar las tendencias que moldean el panorama económico regional. La mesa de diálogo reunió a destacados especialistas como Jorge Gamez, de la Secretaría de Economía de Nuevo León; Diego Flores, representante de la Secretaría de Economía federal; y Rafael Lechuga de Citi. El intercambio de ideas fue conducido por Marianela Santos, quien encabeza el Comité de Innovación y Transformación Digital y dirige Alsun Tech.

La transformación digital no debe entenderse como un fenómeno limitado a las grandes empresas tecnológicas. La incorporación de inteligencia artificial, automatización y herramientas digitales está modificando la manufactura, la logística y las cadenas de suministro, generando nuevas oportunidades, pero también nuevos retos para la política pública. La velocidad de estos cambios exige una mayor capacidad de adaptación tanto del sector público como de la iniciativa privada.

La conversación también puso sobre la mesa la importancia del capital humano como factor decisivo para el éxito de esta transición. La evolución de los procesos productivos demanda nuevas habilidades técnicas y una actualización permanente de los modelos educativos. Preparar a las futuras generaciones para una economía cada vez más digital implica fortalecer los vínculos entre la academia, el sector productivo y las autoridades, de modo que la formación de talento responda a las necesidades reales de una industria en constante transformación.

Un aspecto particularmente relevante es el papel de las pequeñas y medianas empresas en esta nueva dinámica económica. En México, una parte sustancial del empleo y de la actividad productiva depende de este segmento empresarial, por lo que su incorporación a los procesos de digitalización constituye una condición indispensable para ampliar los beneficios del desarrollo tecnológico. El acceso a financiamiento, la automatización de procesos y una mayor integración con las cadenas de suministro regionales fueron identificados como elementos fundamentales para fortalecer su competitividad.

En este sentido, el sistema financiero puede desempeñar un papel determinante al facilitar la transformación digital. La expansión de los pagos electrónicos, el fortalecimiento de los mecanismos de inclusión financiera y la generación de historiales transaccionales contribuyen a ampliar el acceso al crédito y a crear mejores condiciones para que las empresas de todos los tamaños puedan invertir en innovación y modernización.

Otro de los temas fue la necesidad de brindar mayor certidumbre regulatoria a la economía digital. La aparición de nuevos modelos de negocio y de tecnologías financieras cada vez más sofisticadas ha puesto de manifiesto la importancia de contar con marcos normativos capaces de acompañar la innovación sin convertirse en un obstáculo para su desarrollo. La actualización regulatoria no solo ofrece confianza a los inversionistas, sino que también fortalece la capacidad del país para integrarse a una economía global cada vez más digitalizada.

La ciberseguridad también se presentó como un componente esencial. A medida que empresas, instituciones y cadenas de suministro aumentan su interconexión, la protección de la información y el establecimiento de estándares comunes adquieren una dimensión estratégica. La coordinación entre autoridades, la industria y organismos especializados permitirá construir entornos digitales más seguros y facilitar una mayor integración tecnológica en Norteamérica.

Finalmente, el panel dejó una reflexión que trasciende el ámbito estrictamente tecnológico. La economía digital no representa únicamente una nueva etapa de innovación; constituye una transformación profunda en la manera en que las sociedades producen, comercian y generan oportunidades de desarrollo. La capacidad para adaptar instituciones, formar talento, ampliar el acceso al financiamiento y construir reglas claras será, en buena medida, el factor que determine qué países logran convertir esta transición en una ventaja competitiva sostenible durante las próximas décadas.

AMERICAN CHAMBER/MEXICO
Monterrey, Nuevo León | (17 | 06 | 2026)

North American Competitiveness: Infrastructure, Connectivity, and Industrial Capacity

North American Competitiveness: Infrastructure, Connectivity, and Industrial Capacity

The strength of North America has long been associated with the depth of its economic integration. Trade, investment, and highly interconnected supply chains have positioned the region as one of the world’s most important production and consumption markets. Yet the challenges shaping the international landscape today suggest that competitiveness cannot be measured solely by economic indicators. The ability to protect strategic infrastructure, facilitate the movement of goods and people, develop a skilled workforce, and strengthen institutional coordination has become equally important for sustaining regional growth.

These issues framed the discussion during the panel “North American Competitiveness: Infrastructure, Connectivity and Industrial Capacity,” held as part of North America Week, the annual initiative of the American Chamber of Commerce of Mexico, Northeast Chapter, dedicated to fostering dialogue on the future of regional integration. The conversation brought together Joseph Hugdahl, Assistant Law Enforcement Attaché (ALAT) for the Federal Bureau of Investigation (FBI) at the United States Embassy in Mexico City; Mark Neighbors, Regional Economic Analyst for the U.S. Department of State; Joaquín Spamer, CEO and President of CIL Group; and Oscar del Cueto, President of CPKC and President of the American Chamber of Commerce of Mexico. The session was moderated by Francisco Peña, Partner at CCN and Vice President of the Human Capital and Labor Affairs Committee of the Northeast Chapter.

Security and economic development are becoming increasingly interconnected. Modern supply chains depend on reliable transportation networks, secure ports, efficient border crossings, and logistics systems that can operate without major disruptions. Criminal activity, infrastructure vulnerabilities, and operational uncertainty have consequences that extend beyond individual companies, directly affecting investment decisions and the region’s overall competitiveness.

Addressing these challenges requires closer cooperation between Mexico and the United States, while respecting each country’s constitutional frameworks and sovereign responsibilities. The protection of critical infrastructure and the continuity of commercial operations are no longer matters that can be approached exclusively from a domestic perspective. They require permanent coordination and a shared understanding that regional prosperity depends on the stability of the systems that connect the three economies.

The conversation also challenged a more traditional understanding of infrastructure. Competitiveness is not determined solely by the construction of highways, railroads, ports, or energy facilities. It also depends on the ability to integrate technologies, modernize customs processes, and develop logistics platforms that enable businesses to operate more efficiently. As global supply chains become more sophisticated, outdated systems and fragmented regulatory environments create barriers that undermine the benefits of regional integration.

Another key priority is strengthening connectivity across North America.  Rather than viewing infrastructure projects through a purely national lens, it is important to develop assets and networks that reinforce the economic ties between the three countries. The long-term objective is not simply to facilitate trade, but to build a more coordinated regional platform capable of responding to changing global conditions.

Workforce development emerged as an equally important component of this equation. Industrial expansion and the growing complexity of supply chains require specialized talent, modern training systems, and regulatory frameworks that can adapt to evolving labor market needs. Greater cooperation in education, technical training, and workforce mobility could help address persistent shortages in strategic sectors and strengthen the region’s productive integration.

The discussion also reflected on the broader international environment in which North America operates. The expansion of global logistics networks and the growing influence of external manufacturing platforms have reinforced the importance of strengthening regional supply chains and expanding local sourcing capabilities. Increasing the participation of small and medium-sized enterprises, improving supply chain traceability, and encouraging greater economic interaction within the region were identified as practical steps toward reinforcing North America’s productive base.

Ultimately, the panel underscored that the future of North American competitiveness will depend on much more than trade volumes or investment flows. The region’s long-term success will be shaped by its ability to connect infrastructure, security, workforce development, and institutional cooperation within a common strategic framework. As global competition increasingly revolves around the reliability and efficiency of integrated economic platforms, deeper regional coordination may prove to be one of North America’s greatest competitive advantages.

 

AMERICAN CHAMBER/MEXICO
Monterrey, Nuevo León | (17 | 06 | 2026)

The Economic Playbook: Investment, Competitiveness, and Regional Growth

The Economic Playbook: Investment, Competitiveness, and Regional Growth

La discusión sobre el futuro económico de Norteamérica atraviesa una etapa de transformación. La reconfiguración de las cadenas globales de suministro, el fortalecimiento de las políticas industriales y el uso cada vez más frecuente de instrumentos comerciales como herramientas de política económica están modificando la forma en que los países construyen su competitividad. En este contexto, la capacidad para atraer inversión ya no depende exclusivamente del acceso a mercados, sino también de la existencia de condiciones internas que permitan sostener procesos productivos, desarrollar la proveeduría regional y ofrecer certidumbre a largo plazo.

Bajo esta consigna se desarrolló el panel “The Economic Playbook: Investment, Competitiveness and Regional Growth”, realizado en el marco de North America Week, la iniciativa anual de American Chamber of Commerce of Mexico, impulsada por el Capítulo Noreste para promover el diálogo sobre los principales desafíos de la integración regional. La conversación reunió a Judith Garza, Institutional Senior Director de Ternium; Samuel Peña, Commercial Vice President de Grupo Alianza; Ángel García-Lascuráin, Managing Partner de Tantum Consulting; y Luis Ricardo Rodríguez, Managing Partner de Monarch Global Strategies, bajo la moderación de Mauricio Paez, Assistant General Counsel de Steelcase y Presidente del Comité de Sustentabilidad y Responsabilidad Social del Capítulo Noreste.

Las transformaciones recientes de la economía internacional no deben interpretarse como medidas aisladas, sino como parte de una redefinición del modelo de integración económica. La pandemia evidenció vulnerabilidades importantes en las cadenas de suministro y aceleró el desarrollo de políticas industriales orientadas a fortalecer sectores estratégicos mediante inversiones en infraestructura, energía y desarrollo de talento. A ello se han sumado instrumentos comerciales y arancelarios que buscan fortalecer la producción regional y reducir dependencias externas.

Este cambio de enfoque obliga a replantear la manera en que México y Canadá se insertan dentro de la dinámica norteamericana. La evolución de la política industrial estadounidense plantea un escenario en el que la competitividad regional dependerá cada vez más de la capacidad de los tres países para desarrollar condiciones internas compatibles con una estrategia de integración más profunda. La discusión dejó claro que preservar los beneficios del T-MEC implica también comprender las prioridades que hoy orientan la política económica de la región.

Desde la perspectiva de México, persisten desafíos estructurales que limitan la capacidad de aprovechar plenamente las oportunidades de esta nueva etapa. Infraestructura, disponibilidad de energía, certidumbre regulatoria y fortalecimiento del Estado de derecho continúan siendo elementos indispensables para mantener la confianza de los inversionistas y facilitar el desarrollo de proyectos de largo plazo.

La conversación incorporó, además, una reflexión sobre factores internos que inciden directamente en la competitividad nacional. La elevada concentración de las exportaciones mexicanas en un solo mercado, las distorsiones generadas por una competencia limitada en determinados sectores estratégicos y la necesidad de fortalecer las finanzas públicas mediante una mayor formalidad económica fueron identificados como aspectos que merecen atención en una agenda orientada al crecimiento sostenido.

Además, es necesario avanzar hacia una visión regional a largo plazo. Aunque Norteamérica mantiene una integración económica sin precedentes, las prioridades nacionales continúan respondiendo, en buena medida, a ciclos políticos internos. Esta dinámica dificulta la construcción de estrategias compartidas en ámbitos como la infraestructura, la energía, la seguridad económica y el desarrollo de la proveeduría regional. La capacidad para articular objetivos comunes entre los gobiernos y el sector privado será determinante para consolidar la posición de la región en un entorno internacional cada vez más competitivo.

En este sentido, el proceso de relocalización de inversiones no debe analizarse únicamente como un fenómeno asociado a los costos de producción o a la proximidad geográfica. Su alcance dependerá de la capacidad de Norteamérica para fortalecer sus propios mecanismos de integración, incrementar el contenido regional de sus cadenas productivas y desarrollar una base de proveedores capaz de responder a las nuevas exigencias del comercio internacional.

Las reglas que han dado forma a la integración económica regional también están en evolución. La creciente relevancia de las reglas de origen, los mecanismos de verificación y los criterios vinculados a la seguridad económica refleja una tendencia hacia esquemas de cooperación más estrechos, en los que la procedencia de la inversión y la trazabilidad de los procesos productivos adquieren una importancia estratégica. Comprender este nuevo entorno y adaptar las capacidades nacionales a sus exigencias constituye uno de los principales desafíos para la región.

Más allá de las diferencias de enfoque, el panel dejó una conclusión compartida: Norteamérica cuenta con las condiciones para fortalecer su posición económica en un escenario internacional cada vez más complejo, pero ello exigirá avanzar hacia una agenda de mayor coordinación regional y atender, al mismo tiempo, los desafíos estructurales que persisten en cada país. La competitividad futura del bloque dependerá tanto de su capacidad para consolidar una visión estratégica común como de la voluntad de transformar diagnósticos ampliamente conocidos en decisiones de política pública e inversión de largo alcance.

AMERICAN CHAMBER/MEXICO
Monterrey, Nuevo León | 17 | 06 | 2026