La discusión sobre el futuro económico de Norteamérica atraviesa una etapa de transformación. La reconfiguración de las cadenas globales de suministro, el fortalecimiento de las políticas industriales y el uso cada vez más frecuente de instrumentos comerciales como herramientas de política económica están modificando la forma en que los países construyen su competitividad. En este contexto, la capacidad para atraer inversión ya no depende exclusivamente del acceso a mercados, sino también de la existencia de condiciones internas que permitan sostener procesos productivos, desarrollar la proveeduría regional y ofrecer certidumbre a largo plazo.
Bajo esta consigna se desarrolló el panel “The Economic Playbook: Investment, Competitiveness and Regional Growth”, realizado en el marco de North America Week, la iniciativa anual de American Chamber of Commerce of Mexico, impulsada por el Capítulo Noreste para promover el diálogo sobre los principales desafíos de la integración regional. La conversación reunió a Judith Garza, Institutional Senior Director de Ternium; Samuel Peña, Commercial Vice President de Grupo Alianza; Ángel García-Lascuráin, Managing Partner de Tantum Consulting; y Luis Ricardo Rodríguez, Managing Partner de Monarch Global Strategies, bajo la moderación de Mauricio Paez, Assistant General Counsel de Steelcase y Presidente del Comité de Sustentabilidad y Responsabilidad Social del Capítulo Noreste.
Las transformaciones recientes de la economía internacional no deben interpretarse como medidas aisladas, sino como parte de una redefinición del modelo de integración económica. La pandemia evidenció vulnerabilidades importantes en las cadenas de suministro y aceleró el desarrollo de políticas industriales orientadas a fortalecer sectores estratégicos mediante inversiones en infraestructura, energía y desarrollo de talento. A ello se han sumado instrumentos comerciales y arancelarios que buscan fortalecer la producción regional y reducir dependencias externas.
Este cambio de enfoque obliga a replantear la manera en que México y Canadá se insertan dentro de la dinámica norteamericana. La evolución de la política industrial estadounidense plantea un escenario en el que la competitividad regional dependerá cada vez más de la capacidad de los tres países para desarrollar condiciones internas compatibles con una estrategia de integración más profunda. La discusión dejó claro que preservar los beneficios del T-MEC implica también comprender las prioridades que hoy orientan la política económica de la región.
Desde la perspectiva de México, persisten desafíos estructurales que limitan la capacidad de aprovechar plenamente las oportunidades de esta nueva etapa. Infraestructura, disponibilidad de energía, certidumbre regulatoria y fortalecimiento del Estado de derecho continúan siendo elementos indispensables para mantener la confianza de los inversionistas y facilitar el desarrollo de proyectos de largo plazo.
La conversación incorporó, además, una reflexión sobre factores internos que inciden directamente en la competitividad nacional. La elevada concentración de las exportaciones mexicanas en un solo mercado, las distorsiones generadas por una competencia limitada en determinados sectores estratégicos y la necesidad de fortalecer las finanzas públicas mediante una mayor formalidad económica fueron identificados como aspectos que merecen atención en una agenda orientada al crecimiento sostenido.
Además, es necesario avanzar hacia una visión regional a largo plazo. Aunque Norteamérica mantiene una integración económica sin precedentes, las prioridades nacionales continúan respondiendo, en buena medida, a ciclos políticos internos. Esta dinámica dificulta la construcción de estrategias compartidas en ámbitos como la infraestructura, la energía, la seguridad económica y el desarrollo de la proveeduría regional. La capacidad para articular objetivos comunes entre los gobiernos y el sector privado será determinante para consolidar la posición de la región en un entorno internacional cada vez más competitivo.
En este sentido, el proceso de relocalización de inversiones no debe analizarse únicamente como un fenómeno asociado a los costos de producción o a la proximidad geográfica. Su alcance dependerá de la capacidad de Norteamérica para fortalecer sus propios mecanismos de integración, incrementar el contenido regional de sus cadenas productivas y desarrollar una base de proveedores capaz de responder a las nuevas exigencias del comercio internacional.
Las reglas que han dado forma a la integración económica regional también están en evolución. La creciente relevancia de las reglas de origen, los mecanismos de verificación y los criterios vinculados a la seguridad económica refleja una tendencia hacia esquemas de cooperación más estrechos, en los que la procedencia de la inversión y la trazabilidad de los procesos productivos adquieren una importancia estratégica. Comprender este nuevo entorno y adaptar las capacidades nacionales a sus exigencias constituye uno de los principales desafíos para la región.
Más allá de las diferencias de enfoque, el panel dejó una conclusión compartida: Norteamérica cuenta con las condiciones para fortalecer su posición económica en un escenario internacional cada vez más complejo, pero ello exigirá avanzar hacia una agenda de mayor coordinación regional y atender, al mismo tiempo, los desafíos estructurales que persisten en cada país. La competitividad futura del bloque dependerá tanto de su capacidad para consolidar una visión estratégica común como de la voluntad de transformar diagnósticos ampliamente conocidos en decisiones de política pública e inversión de largo alcance.
AMERICAN CHAMBER/MEXICO
Monterrey, Nuevo León | 17 | 06 | 2026