El Comité de Sustentabilidad y Responsabilidad Social de AMCHAM Capítulo Noreste analizó el papel de la economía circular como componente cada vez más integrado en la operación empresarial en México. La sesión contó con la participación de Adrián Gómez Balboa y César Murillo, quienes abordaron los ajustes que ya se están produciendo en los procesos productivos, las estructuras de cumplimiento y las dinámicas de mercado.
El modelo lineal de producción ha comenzado a generar fricciones operativas visibles: mayor exposición a la volatilidad de los insumos, costos crecientes de disposición de residuos y pérdida de eficiencia en el aprovechamiento de materiales. Frente a este escenario, la economía circular no se plantea como una transición conceptual, sino como una reconfiguración práctica de la gestión de recursos por parte de las empresas a lo largo del ciclo productivo.
La circularidad ya está impactando en decisiones específicas dentro de las organizaciones. Esto incluye el rediseño de productos para facilitar su reutilización o reciclaje, la sustitución de insumos por materiales de menor impacto o mayor disponibilidad, y la revisión de contratos con proveedores para incorporar criterios de recuperación o valorización. En este sentido, la economía circular empieza a permear áreas que tradicionalmente operaban bajo criterios exclusivamente financieros o logísticos.
Desde el ángulo jurídico, el marco vigente, articulado principalmente en la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos, continúa siendo el eje de cumplimiento, aunque con limitaciones claras frente a los nuevos modelos productivos. La iniciativa de la Ley General de Economía Circular introduce una lógica distinta al ampliar el alcance regulatorio a todo el ciclo de vida de los productos. Esto implica que las obligaciones que antes se concentraban en la disposición final comienzan a desplazarse hacia las etapas de diseño, distribución y posconsumo.
En este contexto, la trazabilidad dejó de ser un elemento accesorio. Las empresas requieren visibilidad sobre el flujo de materiales, incluyendo su origen, transformación y destino. Esto no solo responde a exigencias normativas, sino también a los requerimientos de clientes corporativos que buscan validar prácticas sostenibles en sus cadenas de suministro. La implementación de estos sistemas implica una inversión en la digitalización, la estandarización de los datos y el fortalecimiento de los controles internos.
A nivel operativo, la transición hacia esquemas circulares conlleva cambios que afectan directamente la ejecución del negocio. La integración de la logística inversa, la separación efectiva de residuos en sitio, la reincorporación de materiales secundarios en los procesos productivos y la gestión diferenciada de residuos valorizables requieren rediseñar los flujos internos y ajustar las capacidades instaladas. Estas modificaciones requieren coordinación entre áreas que normalmente operan de forma independiente, como operaciones, compras, cumplimiento y finanzas.
Asimismo, se identificó que la economía circular puede generar eficiencias concretas cuando se implementa con criterios técnicos claros. La reducción de mermas, el aprovechamiento de subproductos y la disminución de los costos de disposición pueden traducirse en mejoras operativas significativas. Sin embargo, estos beneficios no son automáticos; dependen de la capacidad de la empresa para implementar cambios en los procesos y no únicamente de adoptar políticas generales.
El contexto también plantea una clara oportunidad para fortalecer el entorno operativo en México. Avanzar en el desarrollo de infraestructura para la gestión y valorización de residuos, junto con una mayor alineación regulatoria entre las entidades federativas, permitiría reducir complejidades, generar eficiencias y facilitar la operación de empresas con presencia nacional. Hoy, la diversidad de marcos locales requiere soluciones diferenciadas y un monitoreo constante, lo que incrementa los costos y limita la escalabilidad. Una agenda orientada a la homologación de criterios, acompañada de inversión en infraestructura, podría impulsar modelos más eficientes, sostenibles y competitivos en todo el país.
Por otro lado, las cadenas de suministro internacionales están elevando sus estándares ambientales, incorporando criterios más estrictos en la selección de proveedores. Esto se traduce en solicitudes de información más detalladas, auditorías de procesos y exigencias de cumplimiento que trascienden el marco normativo nacional. En consecuencia, la economía circular comienza a influir en la permanencia de las empresas en ciertos mercados y sectores.
Un elemento adicional fue la necesidad de ajustar la gobernanza interna. La implementación de estrategias circulares no puede depender exclusivamente de áreas de sostenibilidad; requiere el involucramiento directo de los niveles directivos y una alineación clara con los objetivos operativos y financieros. Sin esta integración, los esfuerzos tienden a fragmentarse y a perder efectividad.
En conjunto, se reflejó que la economía circular ya opera como un factor de transformación en la empresa, con implicaciones directas en el diseño de producto, la gestión de insumos, el cumplimiento normativo y las relaciones comerciales. No se trata de una tendencia futura, sino de un ajuste en curso que exige cambios específicos en la forma de operar. La diferencia radicará en la capacidad de cada organización para ejecutar estos cambios con consistencia y profundidad.
AMERICAN CHAMBER/MEXICO
Monterrey, Nuevo León | 08 | 05 | 2026