En los últimos años, la conversación sobre seguridad en México ha cambiado de tono y ha escalado a espacios de alta dirección, comités de riesgo y de planeación estratégica. La relocalización de cadenas productivas, el nearshoring y la revisión del T-MEC están reposicionando al occidente del país como una región clave para la operación empresarial, a lo que se suma la Copa Mundial de la FIFA 2026, que coloca a Jalisco y su entorno bajo una atención internacional creciente.

En este marco se llevó a cabo la sesión del Comité de Seguridad, concebida como un espacio de análisis y reflexión estratégica. En la mesa participaron representantes del sector empresarial junto con autoridades federales y estatales, mandos operativos de la Guardia Nacional, integrantes de la Fiscalía General de la República, enlaces del C5 Escudo Urbano, especialistas de la Secretaría de la Defensa Nacional y equipos de la Secretaría de Inteligencia y Búsqueda de Personas.

De la reacción a la prevención

El occidente de México concentra nodos estratégicos de la economía nacional. El puerto de Manzanillo, los corredores industriales del Bajío, los centros de distribución en Jalisco y la conexión con la frontera norte conforman un sistema altamente interdependiente. En este contexto, los incidentes dejan de ser eventos aislados: un robo de carga, una disrupción logística o la infiltración de productos ilícitos generan efectos en cadena que impactan en tiempos, costos, cumplimiento y confianza. A ello se suma la evolución del mercado ilícito, cada vez más sofisticado, lo que obliga a las empresas a gestionar riesgos que trascienden fronteras administrativas y sectoriales.

Esta realidad es especialmente visible en ciertas industrias. En el sector farmacéutico, el robo de medicamentos representa un riesgo sanitario cuando se compromete la cadena de frío. En el sector de alimentos y bebidas, la piratería y la adulteración afectan tanto a las marcas como a la seguridad del consumidor. En el sector tabacalero, el comercio ilícito continúa financiando estructuras criminales y afectando la recaudación fiscal. Frente a este entorno, el enfoque tradicional de seguridad resulta insuficiente. La conversación se desplaza hacia la prevención, la inteligencia y la coordinación. Más que invertir más, el reto para las organizaciones es invertir mejor: entender patrones, compartir información y alinear esfuerzos entre los sectores público y privado.

El Mundial FIFA 2026 como catalizador de capacidades

La Copa Mundial de la FIFA 2026 se concibe no solo como un evento deportivo, sino también como un catalizador para la modernización de las capacidades de seguridad en Jalisco y en la región occidental. Más allá de la coyuntura, el énfasis recae en el legado. La colaboración internacional y los programas de capacitación especializada, incluidos esquemas de entrenamiento de alto nivel con agencias estadounidenses, están fortaleciendo el perfil técnico de las corporaciones locales frente a amenazas no convencionales, capacidades que se mantendrán como un activo para la seguridad pública y corporativa más allá del torneo.

De manera complementaria, la conformación de un esquema de gobernanza específico para el Mundial impulsa la integración operativa del C5 con estadios y zonas de alta concentración, mediante tecnologías como el reconocimiento facial y la biometría. Este proceso representa un avance relevante hacia entornos de seguridad más integrados en áreas prioritarias, con beneficios que trascienden el evento y fortalecen la gestión del riesgo a largo plazo.

Un comité que responde a los retos 

La sesión permitió identificar una agenda común que hoy orienta la conversación entre AMCHAM y las autoridades, articulada en torno a principios ampliamente compartidos que reflejan un cambio de enfoque en la gestión de la seguridad:

  • Colaboración público-privada, como base para enfrentar riesgos complejos.
  • Denuncia efectiva, entendida como un insumo estratégico para la generación de inteligencia.
  • Uso estratégico de datos para el análisis de patrones y la toma de decisiones.
  • Prevención, aplicada tanto a la logística como a los entornos digitales.
  • Evidencia como condición mínima para reducir la impunidad.

Esta agenda se construye sobre una visión regional. La priorización de cinco estados responde a una lógica de mercado y de conectividad que reconoce al Corredor Logístico de Occidente como un eje fundamental para el comercio regional y transfronterizo. En este corredor, Colima desempeña un papel crítico al albergar el puerto de Manzanillo; Jalisco se consolida como hub logístico y tecnológico; Michoacán y Guanajuato operan como motores agroindustriales y manufactureros; mientras que Nayarit y Aguascalientes funcionan como zonas de tránsito y amortiguamiento clave para la continuidad de la cadena de suministro hacia el norte del país.

Como parte de esta estrategia, la vinculación con las autoridades constituye un componente central para asegurar que los esfuerzos del sector privado se traduzcan en resultados tangibles. Bajo esta lógica, el Comité de Seguridad prioriza una coordinación estrecha con la Fiscalía General de la República como ancla jurídica para delitos de alto impacto; con la Secretaría de la Defensa Nacional en labores de contención y desarme; con la Guardia Nacional en la protección de carreteras y corredores logísticos; con el C5 Escudo Urbano como eje operativo para la gestión de emergencias y videovigilancia; y con la Secretaría de Inteligencia y Búsqueda de Personas como interlocutor estratégico para el análisis de patrones delictivos y el aprovechamiento del valor de los datos.

Recomendaciones clave para las empresas

Para las empresas, cobra relevancia avanzar simultáneamente en tres frentes complementarios. En primer lugar, profundizar en la integración tecnológica, alineando los sistemas de monitoreo y rastreo corporativos con los esquemas institucionales, de forma que la información habilite respuestas oportunas y no solo análisis posteriores. 

De manera paralela, resulta clave fortalecer las capacidades internas para la preservación adecuada de la evidencia, partiendo del entendimiento de que una investigación sólida inicia con la correcta gestión de la información y los activos por parte de la propia organización. Finalmente, la revisión continua de la cadena de suministro, incluidos los distribuidores y proveedores, se consolida como una herramienta esencial para reducir vulnerabilidades y prevenir la infiltración de productos ilícitos.

El mensaje es claro: las empresas ya no son únicamente usuarias de seguridad; son actores relevantes en su construcción. Gestionar el riesgo de forma estratégica implica asumir un rol activo, invertir en información, fortalecer la coordinación y adoptar una visión regional alineada con la dinámica real del negocio.

Para el occidente de México, el horizonte de 2026 no es solo una referencia temporal. Es una oportunidad para consolidar un modelo en el que la seguridad deje de ser un factor de incertidumbre y se convierta en un habilitador de competitividad, confianza y crecimiento sostenible.

AMERICAN CHAMBER/MEXICO | CAPITULO GUADALAJARA
Guadalajara | 18 | febrero | 2026