La sesión del Comité de Asuntos Fiscales de AMERICAN CHAMBER OF COMMERCE OF MEXICO, Capítulo Noreste, reunió a especialistas para analizar uno de los temas más sensibles en el contexto de la nueva administración estadounidense: la propuesta fiscal One Big Beautiful Bill (OBBB) y su potencial para redefinir la competitividad del régimen de maquila, la configuración de inversiones norteamericanas y la estabilidad de las cadenas de suministro que operan desde México.
La discusión se abordó desde una perspectiva técnica, geopolítica y operativa, evaluando no solo los lineamientos normativos de la reforma, sino también sus implicaciones reales sobre la arquitectura productiva binacional. A partir del análisis se destacó que el OBBB representa un esfuerzo de Estados Unidos por redirigir capital, manufactura y valor agregado hacia su territorio.
En este sentido, el mecanismo Qualified Small Business Stock (QSBS) juega un rol clave, ya que otorga amplias exenciones fiscales a inversionistas que mantengan su capital dentro del país. Un incentivo poderoso que podría reconfigurar decisiones de inversión y modificar la lógica con la cual se han estructurado, históricamente, las operaciones de manufactura en México.
La reforma también retoma elementos de la legislación fiscal de 2017, particularmente del Global Intangible Low-Taxed Income (GILTI) y del Foreign-Derived Deduction Eligible Income (FDDEI), con ajustes que endurecen la carga fiscal para operaciones fuera de Estados Unidos. Mientras FDDEI premia la exportación desde territorio estadounidense, GILTI limita deducciones y beneficios previamente autorizados para activos depreciables fuera de su frontera.
El mensaje es directo: Estados Unidos busca fortalecer su autosuficiencia industrial y reducir la dependencia de operaciones productivas en el extranjero, incluso cuando estas formen parte de cadenas de suministro integradas bajo el T-MEC.
Este entorno se entrelaza con otros elementos geopolíticos: presiones migratorias, posibles nuevos aranceles vinculados a criterios de seguridad nacional y un ambiente político bilateral en transformación. Todo ello incrementa la incertidumbre sobre sectores clave de producción, logística y proveeduría.
En el caso del régimen de maquila, el análisis se centró en su fragilidad estructural ante estas presiones. A pesar de más de cuatro décadas como motor de inversión extranjera y generación de empleo, el modelo mantiene restricciones que hoy limitan su competitividad:
- La obligación de retornar productos al extranjero
- Prohibición de actividades de distribución
- Uso forozo de maquinaria propiedad del principal extranjero
- Una base gravable determinada por Safe Harbor, cada vez menos alienada con la sofisticación global
Ante cambios potenciales como los que plantea el OBBB, el régimen IMMEX enfrenta la urgencia de flexibilizarse para seguir siendo atractivo frente a jurisdicciones que compiten activamente por manufactura avanzada.
Los escenarios para empresas con operaciones en México van desde optimizar activos para mantener el esquema hasta transitar hacia modelos híbridos o reconfigurar estructuras corporativas fuera de la maquila. Cada alternativa implica costos, riesgos y ajustes operativos relevantes. Incluso el crecimiento, como aumentar líneas de producción, puede elevar automáticamente la base gravable, presionando el flujo de efectivo y obligando a las organizaciones a evaluar con precisión la viabilidad de expandir capacidades bajo el marco actual.
Pese a todo, México conserva una posición estratégica privilegiada dentro de la integración industrial de Norteamérica. El talento, la cercanía geográfica, la base productiva del noreste y el T-MEC continúan siendo grandes atractivos para las inversiones.
Sin embargo, el camino no es lineal. Limitaciones en infraestructura energética, desafíos de seguridad pública, mayor fiscalización, la posible cancelación de programas IMMEX y CIVA y el endurecimiento de reglas de origen representan factores que podrían afectar la competitividad lograda en las últimas décadas.
La OBBB plantea un rediseño profundo de la relación fiscal entre México y Estados Unidos. Aunque su objetivo es repatriar inversión, también abre una ventana de oportunidad para México si logra adaptarse, fortalecer su marco regulatorio y posicionarse como un socio estratégico indispensable en la nueva etapa industrial de la región. La clave estará en acelerar la certidumbre, mejorar las condiciones operativas, reforzar la infraestructura y garantizar un nivel de cumplimiento capaz de sostener la confianza de los inversionistas.
El reto no radica únicamente en comprender los alcances técnicos de la reforma, sino en anticipar sus efectos sistémicos. La convergencia entre política fiscal, comercio exterior y estrategia industrial definirá si México consolida su posición en la competitividad norteamericana o si el capital se redistribuye hacia otros destinos.
La manera en que ambos países gestionen esta transición determinará la estabilidad de las cadenas productivas, la profundidad de la integración económica y la capacidad regional de mantener un modelo de producción que ha sido, por décadas, uno de los pilares de la relación bilateral.
AMERICAN CHAMBER/MEXICO
Monterrey | 5 | Diciembre | 2025